Llevas semanas, quizás meses, con esa sensación constante de que el suelo se mueve bajo tus pies. No es un vértigo que gira, sino algo más difuso: inestabilidad, sensación de «cabeza flotando», malestar al entrar en un supermercado o al mirar una pantalla. Los análisis salen bien, la resonancia también. Y sin embargo, el mareo no desaparece.

Puede que estés ante el mareo postural-perceptual persistente (MPPP): el síndrome vestibular crónico más frecuente, todavía poco conocido fuera de las consultas especializadas, pero con diagnóstico y tratamiento eficaz cuando se identifica correctamente.

¿Qué es el MPPP?

El mareo postural-perceptual persistente es un trastorno vestibular funcional crónico reconocido por la Sociedad Bárány en 2017, la referencia científica internacional en patología del equilibrio. Se define por una sensación de mareo, inestabilidad o vértigo no rotatorio que aparece la mayoría de los días durante al menos tres meses seguidos.

Sus siglas lo resumen bien:

MMareo — sensación de movimiento, balanceo o inestabilidad internaPPostural — relacionado con estar de pie y en movimientoPPerceptual — alteración en la percepción del propio cuerpo en el espacio, no un daño estructuralPPersistente — no significa permanente, se refiere que es un trastorno de más de 3 meses de duración — los síntomas pueden desaparecer con el tratamiento adecuado

A diferencia del vértigo posicional, como el VPPB ↗, el mareo del MPPP no aparece solo al mover la cabeza o cambiar de posición. Puede estar presente de forma casi constante, aunque hay momentos en los que se nota más que otros. Lo que sí lo empeora son tres cosas: la posición erguida o la marcha, el movimiento propio o del entorno, y los espacios visualmente complejos: supermercados, calles con tráfico, alfombras estampadas, pantallas en movimiento.

1 de cada 5diagnósticos en consultas vestibulares especializadas corresponde al MPPP. Es el síndrome vestibular crónico más frecuente.

Por qué ocurre: cuando el cerebro se queda en modo alerta

El equilibrio es, en condiciones normales, un proceso automático e inconsciente. El cerebro combina la información del oído interno, la vista y los músculos para saber dónde estamos sin que tengamos que pensarlo. En el MPPP, ese automatismo se rompe.

El cerebro pasa a «procesar el equilibrio de forma manual»: de manera consciente, rígida y con un nivel de alerta muy elevado. Esto genera una dependencia excesiva de la información visual —el paciente necesita ver para sentirse estable— y una hipersensibilidad a cualquier estímulo de movimiento. El resultado es un mareo constante que se retroalimenta a sí mismo.

El MPPP puede aparecer después de un episodio vestibular previo (un VPPB ↗, una neuritis vestibular, una migraña vestibular) o, en otros casos, sin una causa orgánica identificable, relacionándose con situaciones de estrés intenso, ataques de pánico o ansiedad previa. En cualquiera de los dos casos, el sistema de control postural queda bloqueado en un estado de máxima vigilancia que no se desactiva solo.

Sensibilidad postural y dependencia visual en el MPPP
En el MPPP, el cerebro adopta una postura de alerta constante y una dependencia excesiva de la información visual para mantener el equilibrio.

¿Qué síntomas produce?

El síntoma principal es un mareo persistente y fluctuante que los pacientes describen como sensación de «cabeza nublada», vaivén, balanceo o inestabilidad continua al caminar. No es el vértigo giratorio clásico. A esto se suman con frecuencia dificultad para concentrarse, fatiga y sensación de desconexión con el entorno.

Los síntomas suelen empeorar con:

  • Estar de pie o caminar durante un rato prolongado
  • Movimientos de cabeza o del cuerpo
  • Entornos con mucho movimiento visual: supermercados, centros comerciales, calles con tráfico intenso
  • Pantallas, lectura prolongada o uso del ordenador
  • Superficies con patrones visuales complejos (baldosas, alfombras estampadas)
Suelo estampado que provoca mareo en pacientes con MPPP
Los entornos con patrones visuales complejos —suelos estampados, centros comerciales, escaleras mecánicas— son uno de los desencadenantes más frecuentes del mareo en el MPPP.
Importante
El MPPP no es un trastorno psiquiátrico. Sus síntomas son reales y tienen una base neurológica demostrable. El hecho de que las pruebas del oído salgan dentro de la normalidad no significa que todo sea «de la cabeza»: significa que el problema no está en el oído, sino en cómo el cerebro procesa la información sensorial que recibe.

¿A quién afecta?

El MPPP es más frecuente en mujeres (proporción 2:1) y su edad media de aparición se sitúa entre los 50 y los 55 años, aunque puede desarrollarse a cualquier edad. Alrededor del 75% de los pacientes desarrolla síntomas de ansiedad o depresión asociados. Estas comorbilidades no son la causa del MPPP, pero sí contribuyen a mantenerlo y agravarlo, lo que refuerza la necesidad de un abordaje integral.

Cómo se diagnostica

El diagnóstico del MPPP es clínico: no existe ninguna prueba de imagen ni de laboratorio que lo confirme por sí sola. Precisamente por eso, es habitual que pasen meses hasta llegar al diagnóstico correcto.

Los criterios diagnósticos de la Sociedad Bárány exigen que se cumplan cinco condiciones: mareo, inestabilidad o vértigo no rotatorio presente casi a diario durante tres meses o más; síntomas que empeoran con la posición erguida, el movimiento y los estímulos visuales complejos; inicio tras un episodio vestibular, neurológico o psicológico identificable; impacto funcional significativo; y ausencia de otra enfermedad que explique mejor el cuadro.

Las pruebas vestibulares son necesarias para descartar otras causas y detectar patologías que puedan coexistir con el MPPP, pero en este trastorno suelen salir dentro de la normalidad.

El tratamiento: reeducar el sistema nervioso

El MPPP tiene tratamiento. Y aunque no hay un protocolo único universal, las intervenciones con mayor evidencia científica son tres, y combinadas resultan especialmente eficaces.

1

Educación del paciente

Entender qué es el MPPP, por qué ocurre y qué lo perpetúa es el punto de partida. Saber que los síntomas no son peligrosos, que no indican daño cerebral y que el trastorno es tratable cambia la relación del paciente con su propio mareo —y ese cambio ya tiene un efecto terapéutico real.

2

Terapia de rehabilitación vestibular (TRV)

El objetivo es reentrenar al cerebro para que deje de estar en modo alerta: exposición gradual a los movimientos y entornos que generan síntomas, ejercicios de estabilización de la mirada y trabajo de equilibrio progresivo. Dos metanálisis de 2025 lo confirman: la TRV personalizada redujo la discapacidad percibida una media de 21,84 puntos en el cuestionario de discapacidad por mareo (DHI), con un efecto de moderado a grande.

3

Terapia cognitivo-conductual (TCC)

Aborda la hipervigilancia, el miedo al mareo y las conductas de evitación que perpetúan el trastorno. Combinada con la rehabilitación vestibular, los resultados mejoran significativamente respecto a cualquiera de los dos enfoques por separado.

4

Tratamiento farmacológico (ISRS e IRSN)

En algunos casos, el médico puede añadir medicación como complemento al programa de rehabilitación. Los más utilizados son los ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) y los IRSN (que además inhiben la recaptación de noradrenalina): fármacos también usados en depresión y ansiedad, pero que en el MPPP pueden actuar directamente sobre las vías vestibulares del cerebro, donde existen receptores de serotonina.

Su efecto no es inmediato: pueden pasar varias semanas hasta notar mejora. Además de su posible acción directa sobre el sistema del equilibrio, ayudan a reducir la hipervigilancia y los síntomas de ansiedad que con frecuencia acompañan al MPPP.

La clave en el MPPP no es eliminar el mareo de golpe, sino ayudar al sistema nervioso a recuperar su modo automático. Ese proceso requiere progresión gradual, constancia y el acompañamiento de un titulado en rehabilitación vestibular ↗.

¿Cuándo debo consultar?

Consulta a un especialista en rehabilitación vestibular si:

  • Llevas más de tres meses con mareo o inestabilidad casi a diario
  • El malestar empeora en espacios concurridos, ante pantallas o al moverte
  • Has pasado pruebas que han salido normales pero el mareo persiste
  • El mareo limita tu trabajo, tu sueño o tu vida social
  • Has tenido un episodio vestibular previo y desde entonces no te encuentras del todo bien

Este artículo tiene carácter divulgativo. La información contenida no sustituye la evaluación clínica individualizada por parte de un profesional de la salud.

Marcos Martínez Vivancos, titulado en rehabilitación vestibular

Marcos Martínez Vivancos

Grado en Fisioterapia (Universidad de Murcia) · Máster en Fisioterapia Vestibular y Función del Equilibrio (EUSES, Girona)

Escrito y revisado por el autor · Última revisión: septiembre de 2026 · Sobre mí